Inventa tu viaje, haz de él una experiencia única

GPS
Foto: CHRISTOPHE BRUNET
GPS para bicicletas

No cabe la menor duda de que las tecnologías de la información (Internet, móviles, smatphones y GPS, entre otros) nos han facilitado la vida en muchos aspectos y nos han acercado a zonas y a personas del planeta con las que difícilmente tendríamos posibilidad de intercambiar ni una sola palabra. Nos han permitido compartir información en décimas de segundo con millones de personas a la vez y no podemos negar que es un gran avance. Es más, en numerosas ocasiones, nos han sacado de un apuro diciéndonos el lugar exacto en el que estábamos con tan solo pulsar un botón. Pero también es cierto que todos estos dispositivos electrónicos nos han empezado a aislar, un poco, del mundo en el que vivimos. Así, hoy en día es casi imposible mantener una conversación en un bar o en un restaurante sin que alguno de los comensales no agache la cabeza para consultar su móvil. Y este uso de las tecnologías también afecta a nuestra forma de viajar.

Como todo en esta vida, la herramienta no es la culpable, sino el mal uso que se hace de ella.

Cuando uno viaja, ya sea a pie, en bicicleta o mediante otro medio de transporte, tiene que tener claro qué es lo que espera del viaje, si lo importante es ver lugares típicos, paisajes y monumentos emblemáticos o desea integrarse en la cultura local, conocer a las personas, descubrir nuevas formas y maneras de hacer, de vivir, enfrentarse a puntos de vista diferentes. En función de la clase de viajero que seas,  la respuesta a la pregunta de si es recomendable viajar con tecnología a cuestas o no, será completamente distinta.

Para nosotros, los viajes, sobre todo en bicicleta, ofrecen la posibilidad de compartir vivencias y de crear experiencias únicas. Por eso, nos gusta viajar con muy poca información previa sobre la ruta, las etapas o los lugares a visitar, porque nos parece mucho más interesante, y la experiencia, por ahora, nos ha dado la razón, dejar que el propio viaje nos sorprenda. Pensamos que llegar a una ciudad, a un pueblo o una aldea desconocida es la mejor forma de comenzar un viaje ya que, ineludiblemente, nos obliga a acercarnos a la gente para preguntar. ¿Qué podemos ver? ¿Qué nos recomienda? ¿Dónde podemos comer? La diversidad de respuestas a estas preguntas es lo que, en nuestra opinión, hace único a cada momento. Por ello, a priori, nunca sabemos cómo será nuestra aventura y ese desconocimiento es lo que, a la vez, nos ilusiona, ya que cada persona, lugar, experiencia o dificultad que nos encontremos hará que el viaje se enriquezca y, hará que éste sea algo imprevisible, distinto a lo inicialmente planeado, único e irrepetible.

Marruecos
Compartiendo techo en Marruecos

Por eso, en nuestra opinión, y aunque reconocemos que la tecnología es interesante y muy útil en ocasiones, recomendamos no estar pendientes de ella en nuestras etapas, en la medida de lo posible. Si pasamos medio viaje twiteando en cada pedalada que damos, si en vez de preguntar a un paisano por una dirección nos ponemos a buscar señal GPS, si estamos más pendientes de encontrar un lugar donde poder cargar el móvil, al final, el viaje queda en un segundo plano.

Cerdeña
En Cerdeña, Joana, una persona formidable, nos dejó su casa para pasar la noche

Los mapas, las personas y tu propia intuición harán que tu viaje se escriba con cada golpe de pedal, ¿para qué limitarnos a un aparato que, por otro lado, no siempre que se necesite va a estar disponible? Batería, cobertura, red de datos… Confía en tu instinto y, sobre todo confía en las personas que te enuentres y verás como el viaje, al final, se convierte en una aventura maravillosa, única e irrepetible.

No te limites, abre tu mente, sueña, confía, disfruta de ser el que escriba su propia historia, no dejes que la escriban por ti.

  • Patxi

    Un buen punto para debatir. Supongo que cada uno tendra sus preferencias/gustos/necesidades. Ahi os dejo las mias.
    El movil lo suelo encender a horas X para ahorrar bateria, dar a conocer mi posicion a la gente de casa e informarles mediante SMS que todo va bien. Cuando me entra la flojera y morriña, me estiro y hago algunas llamadas.
    Si estoy en el extranjero y para no dejarte los ahorros con los SMS, suelo cambiar esos mensajes por llamadas perdidas y, a la noche, un SMS para decirles donde dormire y alguna cosilla mas.

    Desde que me compre GPS para descubrir rincones ocultos en las montañas de mi tierra, lo he acoplado a mis salidas beteteras y, como no, a mis viajes “allende de mis tierras” a lomos de la bici.
    Desde mis tiempos donde me perdia en los bosques, descubriendo sendas o parajes poco transitados, llevar el GPS me ha aportado seguridad, habiendome sacado de algun pequeño apuro mas rapidamente que si hubiese llevado solamente mapa y brujula en la mochila(que tambien hay que llevarlos, ojo).
    Como decia, desde entonces, me he “mal acostumbrado” al aparatito y en mis salidas alforjeras lo llevo siempre para no andar dependiendo de encontrar algun paisano para preguntarle el camino a seguir. Me aporta, sobretodo, mucha tranquilidad, centrandome durante el resto del dia en otros “miedos” de cualquier cicloturista: ¿habra alguna fuente en el siguiente pueblo?, ¿conseguire un hostal limpio al final del dia?, ¿podre encontrar sitio para vivaquear?, bla, bla, bla…. (con esto de cicloturistear te entrar unas neuras del copetin…., acostumbrados a tenerlo todo hecho y controlado en nuestra rutina diaria).
    La otra cara de la moneda de esta dependencia es que se pierde “practica” y sentido de la orientacion con una rapidez pasmosa. Si algun dia se me escacharrase en ruta el aparatito, me las veria y desearia para continuar. El miedo a lo desconocido, supongo, puede que me obligase a volver grupas para casa. O eso o me quedaria sentadito en la orilla del camino, llorando como un niño pequeño y gimoteando (mi GPS, snif, mi GPS, snif) acariciandolo con la yema de los dedos y esperando a ser rescatado por algun labriego en tractor o por algun angel en forma de ranchera.

    El resto de la tecnologia que llevo es un MP3 con musiquita para esas noches “discotequeras” donde no hay ni Dios que pegue ojo por el ruido de los alrededores.